Fundación de la Villa de San Sebastián de León

El 20 de Enero de 1576 se funda la Villa de San Sebastián de León por mandato del Cuarto Virrey de la Nueva España, Don Martín Enríquez de Almanza y Ulloa dispuso que en los Llanos de los Chichimecas, en el Valle de Señora, se fundara y poblara con el nombre de León, una ciudad o villa de españoles.

La Fundación de León – Óleo – Manuel Leal

INTRODUCCIÓN

El Cuarto Virrey de la Nueva España, Don Martín Enríquez de Almanza -nacido en León de España-, por su mandamiento expedido el 12 de diciembre de 1575, dispuso que en los Llanos de los Chichimecas, en el Valle de Señora, se fundara y poblara con el nombre de León, una ciudad o villa de españoles, según fueran, respectivamente, cien vecinos o cincuenta como mínimo, obligados a estar y residir allí 10 años.

Don Martín Enríquez de Almanza – Cuarto Virrey de la Nueva España

Lo consideró de grande utilidad y provecho para la pacificación de los indios que en el lugar andaban alzados y rebelados contra los españoles y así evitar los daños que hacían, especialmente en las minas de Guanajuato y Comanja. Dictó disposiciones para señalar Cabildo, elección de Regidores y de Alcaldes Ordinarios. Señaló los límites de la nueva población, cuya jurisdicción por un lado, llegaría a la banda del río Grande -hoy Lerma- y por otras colindancias, a los límites del Nuevo Reino de Galicia y al oriente algunas leguas hacia las minas de Guanajuato. Asimismo estableció criterios para impartición de justicia y algunos lineamientos que juzgó necesarios para el establecimiento de la villa o ciudad, entre otros: la elaboración de una traza; la dotación máxima de tres caballerías y un pedazo de tierra para huerta a cada uno de los que se avecindaran y residieran 10 años en la naciente población; el señalamiento de sitios públicos para iglesia, plaza, casas de cabildo, ejido y dehesa boyal; la exención por cuatro años de pecho y alcabala para los fundadores y a los comerciantes que fueran sus compradores o vendedores en el lugar.

En el mandamiento virreinal aludido, la autoridad de la Nueva España precisó y ordenó, que el Doctor Juan de Orozco, Alcalde de Corte y Teniente de Capitán General, fuera al Valle de Señora y llevara a cabo la fundación y el total cumplimiento de su mandato. El 20 de enero de 1576, viernes por la mañana, día del Señor San Sebastián, una vez realizados los actos previos, se fundó la Villa de León por el mandatario indicado, quien cumplió fiel y legalmente todo el acuerdo del Virrey Enríquez de Almanza, incluyendo como acto posterior, en la misma fecha, la elección del primer Ayuntamiento, integrado por cuatro regidores, quienes a su vez eligieron a dos alcaldes y un alguacil.

Las circunstancias aquí mencionadas, fueron certificadas detalladamente por Miguel de Arévalo, Escribano de su Majestad, quien dio fe y constancia de hechos, a partir del 16 de enero de 1576, cuando el señor Juan de Orozco, fue a la estancia de Cieneguilla, términos de Guanajuato, para desde ahí, ir al Valle de Señora, lugar donde se le exhibió y presentó la comisión y mandamiento para el establecimiento de León, cuya redacción fue transcrita por el escribano en el acta levantada para los efectos legales; testimonio continuado con los actos previos a la fundación y con el solemne suceso de la misma, instrumento que finalizó el 20 de enero del referido año. El citado Arévalo en certificación aparte y de esta última fecha, consignó la elección del primer Ayuntamiento.

El Archivo Histórico Municipal de León, no obstante sus labores de rescate y enriquecimien-to documental, cuenta con testimonios a partir de 1580, en los que desde luego no se inclu-yen las actas originales, relativas a la fundación y a la elección del primer Ayuntamiento de la Villa de León. Afortunadamente, en su importante acervo cuantitativo y cualitativo, obran traslados de tan importantes acontecimientos, debidamente certifica-dos, por los Escribanos Reales, Públicos y de Cabildo, sacados de sus originales ante testigos, y refrendados en testimonio de verdad con su correspondiente sello manuscrito.
Estos instrumentos tienen un gran valor histórico y producen la misma certeza legal que los originales. Es probable que el levantamiento de traslados se haya realizado en muchas ocasiones, por el valor probatorio legal que representaban en las tramitaciones judiciales, principalmente de tierras. Destacan de las certificaciones originales conocidas las siguientes: traslado de Juan Ramírez del 4 de julio de 1606, fragmento de un traslado de 1616, traslado de Ildefonso de la Peña, del 26 de agosto de 1779 y copia literal de Luis F. Carvallar del 16 de noviembre de 1855. Las compulsas mencionadas tienen coincidencia, pero pese al cotejo realizado en su tiempo, presentan algunas leves diferencias por omitir o tergiversar algunos detalles.

A juicio de los investigadores leoneses, el más completo y exacto de los traslados de la fundación y de la elección del primer Ayuntamiento, es el del Escribano Real y Público, Don Juan Ramírez, quién lo realizó en 1606 para una demanda civil por asunto de agua de arroyo, entre Diego Frausto y Juan García Márquez, cuyo texto se integra al expediente del litigio. Precisamente de este antiguo e histórico testimonio, ofrecemos en esta publicación, el facsímil del traslado de la fundación de la Villa de León y de la elección del primer Ayuntamiento de la misma. Incluimos la versión paleográfica correspondiente, para mejor comprensión en la lectura de tan importantes contenidos. Con el mismo fin, adicionamos signos de puntuación y encabezados, aunque para respeto de la originalidad, en lo general reproducimos la ortografía propia del tiempo de la elaboración de los textos. Finalmente agregamos una lista de algunos fundadores y primeros vecinos de León, a los que hasta ahora se les ha identificado como tales.

LA FUNDACIÓN DE LA VILLA DE LEÓN

Facsímil del Escribano Juan Ramírez. Versión Paleográfica: Lic. Carlos Arturo Navarro Valtierra, Cronista Municipal de León

– CERTIFICACIÓN –

Yo, Miguel de Arévalo, Escribano de su Majestad, doy fe, cómo, en diez y seis días del mes de enero de este presente año, de mil e quinientos y setenta y seis años, el ilustre señor Juan de Orozco, del Consejo de Su Majestad, Alcalde de Corte de la Audiencia Real de la Nueva España, fue a la Estancia de la Cieneguilla, términos de Guanajuato, para desde allí ir al Valle de Señora, a la poblazón y asiento de la ciudad de León, donde ante él se exhibió y presentó, la comisión y mandamiento de su Excelencia, y refrendada de Juan de Cueva, Secretario de Gobernación, según por ella parecía; que es del tenor siguiente:

-El Mandato Virreinal-

Don Martín Enríquez, Visorrey, Gobernador e Capitán General por su Majestad en esta Nueva España, e Presidente de la Audiencia Real que en ella reside, etc. Por cuanto soy informado, que en los llanos de los chichimecas, en el valle que se dice De Señora, hay comodidad, para poderse fundar y poblar, una ciudad o villa de españoles; y de que en la dicha parte se funde y pueble, será de grande utilidad y provecho, para la pacificación de los indios, que en los dichos valles andan alzados y rebelados, del servicio de su Majestad; y que se eviten los daños que hacen, especial en las Minas de Guanajuato y Comanja.

Atento a lo cual, y que el Doctor Juan de Orozco, Alcalde de esta Corte y Chancillería, anda en los dichos llanos, por mi teniente de capitán general, castigando y pacificando los dichos indios; por la presente le cometo, encargo y mando, que vaya al dicho valle que llaman De Señora, y vea la parte y lugar, que sea más cómoda, para fundar la dicha poblazón. Y habiendo cien vecinos, que se obliguen de estar y residir allí diez años, pueble la dicha poblazón, con título de ciudad, que se intitule y llame la ciudad de León; y si no hubiere tanta cantidad, y hubiere cincuenta que se obliguen a lo suso dicho, por agora sea villa del mesmo nombre, que con la dicha condición, que haya la dicha cantidad de vecinos, yo doy licencia y facultad, para que se funde y pueble de españoles, conforme a la traza, que el dicho Alcalde diere; y cada y cuando, que la dicha población, llegare a los dichos cien vecinos, se intitule y llame ciudad, que en ella asentaren, poblaren y vivieren.


Llegando al dicho número, puedan juntarse y señalar Cabildo, comenzando a poblarse y obligándose hasta el dicho número de cincuenta; y en el después de haber oído misa, eligir y nombrar cuatro regidores, los cuales, después de nombrados y eligidos, nombren y elijan dos Alcaldes Ordinarios, de los más viejos y honrados, que entre ellos hubiere; los cuales tengan jurisdicción, en la tal población, y cuatro leguas hacia la banda de las Minas de Guanajuato, y las que hubiere a la banda del río Grande, hasta el dicho río, y a la parte de la jurisdicción del Nuevo Reino de Galicia; lo que durare el distrito de esta Nueva España, en lo cual, conozcan de las causas civiles y criminales, que en la dicha población y distrito, se ofrecieren e ocurrieren, haciendo justicia.
Con que en los casos criminales, no puedan proceder a pena de muerte, ni efusión de sangre, ni emutilación de miembro, sino que en estos casos, hagan los procesos, y conclusos, los remitan a los Alcaldes de esta Corte y Chancillería, para que hagan en ellos justicia. Con que llegando al dicho número de cien vecinos, e siendo ciudad, los tales alcaldes libren y determinen las causas, haciendo en ellas justicia.


Y en los casos tocantes a indios, poniéndose Alcalde Mayor, no han de conocer dellos, más de hasta tomar información, y prender los culpados, y remitirlos al tal Alcalde Mayor; el cual, cuando se provea, según dicho es, ha de conocer en prevención, en los casos criminales, con los tales Alcaldes Ordinarios; y en grado de apelación, en los civiles. Y en el Cabildo ha de tener voto e estando en igualdad los regidores; y no de otra manera.

Y por esta orden, los años adelante, perpetuamente los días de año nuevo, hasta tanto que haya regidores perpetuos, los que salieren y acabaren su año, han de eligir regidores, para el siguiente; y los tales regidores electos, elijan luego, alcaldes para el tal año; los cuales usen desde luego, de los oficios, con que dentro de treinta días siguientes, lleven confirmación mía; y, ansimismo, puedan eligir, entretanto que otra cosa se provea. Y manda un alguacil ejecutor, que entienda en la ejecución de la justicia; y los que fueren un año eligidos, no lo puedan ser el siguiente; y los electos sean, los que más votos tuvieren; y si estuvieren en votos iguales, en el entretanto que se provee el dicho Alcalde Mayor, vote el Alcalde, que primero fuere electo y nombrado.
Y el dicho Doctor Juan de Orozco, dé y señale a cada vecino, de los que, como dicho es, se quisiere avecindar, y se obligare a residir los dichos diez años, hasta tres caballerías de tierra, o lo que le pareciere, hasta la dicha cantidad; y solar, en que haga y edifique sus casas; y un pedazo de tierra para una güerta; y les dé título dello, con el dicho cargo. Y que no lo cumpliendo, lo pierda, y se pueda hacer merced a otro, con que dentro de cuatro meses lleven aprobación mía.


Y ansimismo, prefiriendo a todo lo suso dicho, señale sitio para iglesia, y plaza, y casas de cabildo; y también ejido y dehesa boyal, en que puedan andar los ganados de los vecinos. Y a los vecinos, que después vinieren, la justicia y regimiento de la dicha ciudad, les dé y señale lo suso dicho, con el dicho cargo.


Y mando que la dicha ciudad o villa, conforme al título que se le señalare, se le guarden todas las exenciones, pragmáticas y libertades, que a las demás de este Reino y a las justicias de su Majestad, y a otras cualesquier personas particulares, que en el fundar y poblar de la dicha ciudad o villa, no pongan embargo ni contradicción alguna, antes, den para ello, todo el favor e ayuda que fuere necesario.


Y atento a lo que conviene, se haga y funde la dicha población, en la dicha parte e lugar, entretanto que se suplica a su Majestad, por la franqueza de la tal población, mando, que los vecinos della, sean libres y exentos de pecho y alcabala, por tiempo de cuatro años; y ansimismo, los que a ella fueren a contratar, vender y comprar bastimentos, de las cosas que a ella llevaren, vendieren y compraren. Los cuales cuatro años, corran y se cuenten, desde el día que comenzaren a eligir los dichos Alcaldes, en adelante, y por el dicho tiempo.


Y ansimismo, hago merced, en nombre de su Majestad, a la dicha ciudad o villa, para las obras públicas della, de las condenaciones que las justicias de la tal ciudad o villa, hicieren para la Cámara de su Majestad. Con que los tales vecinos sean obligados, a tener armas y caballos, para su defensa y siguridad.
Para todo lo cual, y hacer e fundar la dicha población, con el dicho título, según la cantidad que poblaren y las demás cosas de suso declaradas, y dar en ello el asiento y orden que convenga, doy licencia y facultad, al dicho Doctor Juan de Orozco, cual de derecho se requiere. Y no se ha de admitir a la dicha vecindad, ninguno de los vecinos que sean, o hayan sido, de las villas de San Miguel y San Felipe y Salaya.
Fecho en México, a doce días del mes de diciembre de mil y quinientos y setenta y cinco años. Don Martín Enríquez, por mandado de su Excelencia, Juan de Cueva.


Y ansimismo, hago merced, en nombre de su Majestad, a la dicha ciudad o villa, para las obras públicas della, de las condenaciones que las justicias de la tal ciudad o villa, hicieren para la Cámara de su Majestad. Con que los tales vecinos sean obligados, a tener armas y caballos, para su defensa y siguridad.
Para todo lo cual, y hacer e fundar la dicha población, con el dicho título, según la cantidad que poblaren y las demás cosas de suso declaradas, y dar en ello el asiento y orden que convenga, doy licencia y facultad, al dicho Doctor Juan de Orozco, cual de derecho se requiere. Y no se ha de admitir a la dicha vecindad, ninguno de los vecinos que sean, o hayan sido, de las villas de San Miguel y San Felipe y Salaya.


Fecho en México, a doce días del mes de diciembre de mil y quinientos y setenta y cinco años. Don Martín Enríquez, por mandado de su Excelencia, Juan de Cueva.


Y ansimismo, hago merced, en nombre de su Majestad, a la dicha ciudad o villa, para las obras públicas della, de las condenaciones que las justicias de la tal ciudad o villa, hicieren para la Cámara de su Majestad. Con que los tales vecinos sean obligados, a tener armas y caballos, para su defensa y siguridad.
Para todo lo cual, y hacer e fundar la dicha población, con el dicho título, según la cantidad que poblaren y las demás cosas de suso declaradas, y dar en ello el asiento y orden que convenga, doy licencia y facultad, al dicho Doctor Juan de Orozco, cual de derecho se requiere. Y no se ha de admitir a la dicha vecindad, ninguno de los vecinos que sean, o hayan sido, de las villas de San Miguel y San Felipe y Salaya.


Fecho en México, a doce días del mes de diciembre de mil y quinientos y setenta y cinco años. Don Martín Enríquez, por mandado de su Excelencia, Juan de Cueva.

-Actos Previos –

E presentada la dicha comisión e mandamiento de su Excelencia, de suso contenida, en el dicho día se recibieron y admitieron por vecinos e pobladores, algunos que se ofrecieron, e obligaron por tales.
E para proseguir en el dicho negocio, el dicho señor Alcalde de Corte, fue al dicho Valle de Señora, a ver y señalar la parte e lugar, donde se había de hacer el asiento, de la dicha ciudad o villa de León, conforme al número de gente que se ayuntase. E llegado a ella, e habiéndose ofrecido, e obligado, otras personas que parecieron por sí, e algunos por poderes de otros, pasaron ciertos autos sobre el asiento de la dicha población, y elección de los alcaldes, e regidores della, de esta forma.

-La Fundación –

E después de lo suso dicho, en veinte días del dicho mes de enero, del dicho año de mil e quinientos e setenta y seis años, el dicho señor Alcalde de Corte, para señalar el asiento e sitio de la dicha ciudad, que al presente, por no haber los cien vecinos, e haber parecido los cincuenta e más, se le da e señala, nombre e título, de Villa de León, fue con los dichos vecinos e pobladores della, declarados en la petición de suso, a buscar en el dicho Valle de Señora, la parte más cómoda e conveniente para el dicho sitio.

E habiendo llegado a un arroyo, que pasa por la orilla, e caída de una albarrada grande, de una loma e mesilla; poco antes de llegar al asiento e sitio que dicen de la Estancia de Señora, e habiendo andado e mirado allí, este día e otros, el dicho lugar, e tratado e conferido sobre, cuál sería la parte más cómoda, para hacer el dicho asiento, pareció ser allí, lugar conveniente.
Y así, al oriente del dicho arroyo, el dicho señor Alcalde de Corte dijo, que allí, un poquito desviado, le parecía convenir, e que convenía, se hiciese el dicho asiento de la dicha Villa de León. Y así, dijo que: En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre y Hijo y Espíritu Santo; tres personas, e un sólo Dios verdadero, en la dicha parte señalaba y señaló, para el asiento e poblazón de la dicha ciudad o villa.


E luego, mandó medir e trazar, una plaza de trescientos, e sesenta pies en cuadro; que cada lienzo de la dicha plaza, e delantera de las casas que en ella se labrasen, tuviese de una esquina a otra, el dicho largo, que es la medida de dos solares; de a sesenta pasos comunes cada solar, para que la dicha medida en cuadra, quede por plaza desembarazada, para la dicha ciudad o villa, sin que ninguna persona, pueda labrar, ni edificar en ella, ni la embarazar, con edificio alguno.


E mandó, que de cada una de las dichas esquinas, procediese una calle, con cuatro encrucijadas de anchor; la dicha calle y encrucijadas, de treinta y cinco pies de hueco, de pared a pared.

E mandó trazar e medir, veinte y cuatro cuadras de seis solares, de la dicha medida, cada un solar; que se entienda, sesenta pasos comunes en cuadra; e que entre cuadra, e cuadra, quede calle y encrucijada, del dicho ancho de suso declarado; y enmedio dellas, la dicha plaza, como de suso parecerá. E que las dichas calles, corriesen derechas, de norte a sur, e del este a oeste, como constara por la pintura e traza, que para ello mandó hacer; e que se ponga con estos autos.


E dijo, que señalaba e señaló por sitio, para la iglesia de la dicha ciudad o villa, una de las cuadras de la dicha plaza, la que cae al oriente; que tenga los dichos seis solares, de la dicha medida, de sesenta pasos en cuadra cada solar; que sea por delante, todo el lienzo entero, que cae a la dicha plaza, para que en ella se labre, e funde, y edifique la iglesia, con los edificios e cosas, a ella anejos e pertenecientes, e que por tiempo fuere necesario para el ornato della.


E que para casas de justicia, e de cabildo, e cárcel, e mesón, señalaba e señaló por sitio, la otra cuadra frontera, con otros seis solares de la dicha medida; con que lo que dellos sobrare, quede por propios de la dicha villa, para tiendas y otras cosas necesarias, para el ornato de la dicha ciudad o villa. E las otras dos cuadras de norte a sur, con las demás, queden o sean de la misma medida, para que por solares se repartan, entre los dichos vecinos e pobladores, que al presente hay, y adelante vinieren, a pedir población y vecindad; y las güertas que se hubieren de dar e repartir, mandaba e mandó, se señalen y midan, prosiguiendo desde la dicha ciudad, el río abajo que pasa por junto a ella, hasta adelante de las dichas güertas, yendo hacia el camino real que va de las Minas de Guanajuato a los Lagos.


Y les señalaba y señaló, la dehesa boyal; que quede a elección de su Excelencia ponerles en ella, los límites e términos que le pareciere. E por ejido, les señalaba, e daba, e dio, un pedazo de tierra, desde la dicha ciudad, hasta donde solía ser el asiento de la dicha Estancia de Señora, en la que están unos ojos de agua, todo lo cual es ciénega, dando vuelta a la redonda.
E para caballerías de tierra de labor, para dar e repartir entre los dichos pobladores, señalaba e señaló, desde una sauceda que está al camino de las Minas de Comanja, toda la tierra que corre desde ella, hacia la Loza, llevando siempre por cabezada, la cordillera de sierra que va, de las Minas de Guanajuato a las de Comanja, lo que más útil fuere para la dicha labor, para que la dicha dehesa y ejido, sea su aprovechamiento y servicio, de los dichos vecinos, según uso e costumbre, en las otras ciudades e villas, con los cargos e preminencias contenidas en la merced, que, por su Excelencia se les hace, en nombre de su Majestad, a la dicha población e pobladores della.
E que de los solares e tierras, está presto de hacer repartimiento, entre los vecinos e pobladores, que ante su merced han parecido, conforme a lo que su Excelencia manda. Pasó presentes los dichos, los cuales dijeron, están contentos. Siendo testigos, Cristóbal Martín e Pedro López. E lo firmó el dicho señor Alcalde de Corte, el Doctor Juan de Orozco. Ante mí, Miguel de Arévalo, Escribano de su Majestad.


E luego, este dicho día, mes e año suso dicho, viernes por la mañana, día de Señor San Sebastián, después de, se haber señalado plaza, sitio para iglesia, casas de cabildo, ejido, e lo demás, que dicho es, en la parte de suso, a donde se señaló la dicha iglesia, se puso un altar, e se dijo misa.
E después de, se haber dicho, presentes, los dichos vecinos contenidos en la dicha petición, el dicho señor Alcalde de Corte dijo, que propuso a los suso dichos, que en prosecución de su asiento e poblazón, para que hubiese personas que los ayudasen, e favoreciesen, e tuviesen en justicia e razón, entre todos ellos, eligiesen cuatro regidores, para la dicha ciudad o villa de León, teniendo consideración, que fuesen de los más ancianos, e honrados dellos, lo cual hiciesen, con toda conformidad e amistad, para que ésta, entre ellos, permaneciese la dicha población, los cuales dijeron, que lo harían. Siendo testigos, Cristóbal Martín y el Bachiller Espino; e lo rubricó el dicho señor Alcalde de Corte. Ante mí, Miguel de Arévalo, Escribano de su Majestad.

ELECCIÓN DEL PRIMER AYUNTAMIENTO

Facsímil del Escribano Juan Ramírez, Expediente de 1606 del AHML
Versión Paleográfica: Lic. Carlos Arturo Navarro Valtierra, Cronista Municipal de León

E este dicho día, mes e año suso dicho, ante el dicho señor Alcalde de Corte e por ante mí, el dicho escribano, parecieron los dichos vecinos y pobladores, contenidos en la dicha petición de suso contenida, e dijeron que, en cumplimiento de lo por su merced mandado, ellos se han juntado e tratado e conferido sobre la elección de los dichos cuatro regidores para este presente año de mil e quinientos y setenta y seis años.

Y que de un acuerdo e conformidad, unánimes e conformes, elegían y eligieron por tales regidores e personas que a ello conviene, a Juan Martín de la Rosa, Duarte Jorge e Pedro Gómez e Juan Alonso de Torres, los cuales son personas beneméritas para ello, e pidieron al dicho señor Alcalde de Corte, en nombre de su Majestad, los haya e admita por tales, e les dé facultad para usar los dichos oficios. E lo firmaron algunos dellos, Antonio Rodríguez de Lugo, Diego Martínez, Alonso López de Guzmán, Tadeo Álvarez, Diego de Hinojosa Balderrama, Antonio de Silva, Diego Frausto. Ante mí, Miguel de Arévalo, Escribano de su Majestad.

El señor Alcalde de Corte dijo que: en nombre de su Majestad e por virtud de la dicha comisión, admitía y admitió por tales regidores a los suso dichos e aprobaba y aprobó la elección dellos.

Y estando presentes los dichos Duarte Jorge, Pedro Gómez e Juan Alonso de Torres, les mandó ellos tres,por estar ausente el dicho Juan Martín de la Rosa, elijan dos alcaldes, personas cuales convengan en Dios y en sus conciencias, los cuales dijeron que estaban prestos de lo cumplir. Siendo testigos Cristóbal Martín e Ruy Díaz e lo rubricó el dicho señor Alcalde de Corte. Ante mí, Miguel de Arévalo, Escribano de su Majestad.

E luego, este dicho día, mes e año suso dicho, ante el dicho señor Alcalde de Corte, parecieron los dichos Duarte Jorge, Pedro Gómez e Juan Alonso de Torres, regidores suso dichos, e dijeron que ellos se han juntado para elegir alcaldes para este presente año, conforme a lo que su excelencia manda, e que su voto e parecer es que sean los dichos alcaldes Antonio Rodríguez de Lugo e Agustín de Chagoya, los cuales ellos elegían por tales e pidieron se admitan a los dichos oficios e lo firmaron, siendo testigos los dichos.E otro sí, eligieron por alguacil a Diego Frausto, vecino de la dicha ciudad. Duarte Jorge, Pedro Gómez, Juan Alonso de Torres. Pasó ante mí, Miguel de Arévalo, Escribano de su Majestad.El dicho señor Alcalde de Corte, dijo que: en nombre de su Majestad, por virtud de la comisión de su Excelencia, aprobaba y aprobó la elección de los dichos Alcaldes, e admitía y admitió por tales, e que los unos e los otros hagan la solemnidad que de derecho se requiere, testigos los dichos.

E otro sí, mandó que acudan a su Excelencia para que lo apruebe e confirme, e lo rubricó ante mí, Miguel de Arévalo, Escribano de su Majestad.

E luego incontinente, ante el dicho señor Alcalde de Corte, parecieron los dichos Antonio Rodríguez de Lugo e Agustín de Chagoya, Alcaldes electos, e los dichos regidores y el dicho Diego Frausto, Alguacil Mayor, y el dicho señor Alcalde de Corte dijo que: en nombre de su Majestad, por virtud de la dicha comisión, les daba e dio a cada uno dellos, una vara a los dichos Alcaldes e otra al dicho Alguacil Mayor, para el uso de los dichos oficios, e recibió dellos e de cada uno dellos, juramento en forma de derecho, por Dios Nuestro Señor e por su Bendita Madre, sobre una señal de Cruz, so cargo del cual les encargó, y ellos prometieron, de usar bien y fielmente de los dichos oficios y cargos,a su leal saber y entender, e prometieron de lo así cumplir, diciendo que si ansí lo hiciesen, Dios Nuestro Señor les ayudase, e al contrario, se lo demandase; e a la consecución del dicho juramento: sí juramos e amén.

E lo firmaron de sus nombres, siendo testigos los dichos Antonio Rodríguez de Lugo, Agustín de Chagoya, Duarte Jorge, Pedro Gómez, Juan Alonso de Torres, Diego Frausto e lo rubricó el señor Alcalde de Corte. Ante mí, Miguel de Arévalo, Escribano de su Majestad.

Fuente: ©Lic. Carlos Arturo Navarro Valtierra, Cronista Municipal de León, Gto.
Traslado del Escribano Juan Ramírez. AHML – AM. ARL. DRE-C.1-Exp.5-1606.

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